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martes, 11 de febrero de 2020

Territorio Lovecraft, de Matt Ruff

Cuando terminas de leer una novela tan peculiar como esta, y la primera sensación que te viene a la cabeza es la de que estás deseando volver a leerla, tienes la certeza de que te encuentras ante un libro especial. Y eso que esta es una de esas novelas extrañas que no te decidías a empezar leer y que se estaba olvidando en la estantería. Siempre encontrabas una alternativa mejor ante la perspectiva de encontrarte con una novela que lo único que prendía es aprovechar un título tan evidente que pretendía sacar provecho al genio cósmico. 

Sin embargo ahora, tras leerla, lo único que quieres es pregonar en voz alta a todo el mundo que se paren un momento a leer esta historia, que se lancen a explorar este mundo de costumbres ancestrales y mágicas y que se preparen para descubrir una aventura llena de matices y intencionada mala leche, seas o no amante del género de terror.

La novela se inicia con un viaje de tres jóvenes negros por las carreteras de una America profunda en busca del padre de uno de ellos que se encuentra desaparecido. El recibimiento que reciben, la novela está ambientada en las primeras décadas del siglo XX, dista mucho de ser amable. Así se verán envueltos en todo tipo de conflictos raciales a los que, por desgracia, ya se encuentran más que acostumbrados. Pero lo que ellos no esperan encontrar en esta descorazonadora búsqueda es el cálido y cercano recibimiento que recibirán al llegar a la mansión donde se encuentra recluido su padre. Algo no termina de cuadrar. Y se van a tener que enfrentar a una situación para la que ninguno de ellos está preparado.
A partir de ese momento ya todo puede pasar. Y pasa. Porque el título de esta novela ya te va anticipando los peligros a los que se verán enfrentados nuestros incrédulos protagonistas. 
Sin embargo, uno cuando comienza un libro como este se espera encontrar con una recopilación inabarcable de situaciones y criaturas cósmicas. Y de hecho los movimientos de los árboles, las sombras y visiones fugaces de algo a lo lejos no se harán esperar demasiado. Pero cuando te empiezas a intuir por donde van los tiros de la novela, esta dará un giro tremendo y te mostrará su verdadera cara. 
He de decir que llegado a ese punto la confusión se apodera de ti. Los personajes con los que empatizabas desaparecen, en parte, y la historia que creías leer queda en el olvido al iniciarse unas tramas distinta que poco tiene que ver con lo leído hasta entonces. ¿A que viene todo esto ahora?, ¿que tiene que ver una casa encantada con el ambiente las atmósferas que estaba leyendo?...¿y esto ahora? ¿Pero que estoy leyendo?...
Esos momentos de confusión de la novela invitan a dejar el libro y, de hecho, estuve cerca de hacerlo. 
Sin embargo, a lo largo de la trama te empiezas a dar cuenta que su estructura en realidad está compuesta por varios relatos cortos, cada uno enfocados en una vertiente de la literatura pulp que tanto tiene en común con el genial Lovecraft. Todo aquí es homenaje y con esa idea sigues leyendo el siguiente de los relatos, empezando a notar como la historia empieza a encajar de una manera milímetrica. Ves como los acontecimientos aislados que tenían lugar en el primero de los relatos se van a ir expandiendo al resto de las historias, que irán adelante y atrás en el tiempo, literal, para ir abarcando todas las capas de un puzzle que tendrás que irás formando en tu cabeza. Y ya entonces la novela comienza a mostrar toda su dimensión.
Porque territorio Lovecraft es un homenaje a la cultura de terror de principios de siglo, a la ciencia ficción, a las criaturas sobrenaturales y cósmicas, a los viajes en el tiempo, las posesiones, los hechizos, los libros malditos y las palabras sangrantes, al Dr. Jeckyll y a John Carter, a los tebeos y a toda la subcultura que amas.
Y esa no deja de ser una capa más en la novela, porque si quieres seguir escarbando encontrarás un alegato a favor de la libertad y de la igualdad de los seres humanos, una crítica voraz a una de las mayores lacras de la historia de la humanidad y una invitación a la reflexión acerca del mundo en el que actualmente nos movemos.
Y todo eso, bajo el manto de Lovecraft, ajustando cuentas a uno de los mayores horrores de la vida del genio de Providence. 

Territorio Lovecraft es una de esas novelas especiales que te regresan tu infancia para llenarte la cabeza de hechizos y magia.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Amigo imaginario, de Stephen Chbosky



Tratar de resumir en varios párrafos a la valoración de una obra tan ambiciosa y atrevida como esta es engañar a quien me lee. Es imposible, nunca podrías resumir el abrumador contenido que acumula el autor en las ochocientas páginas que contiende esta novela que está en boca de todos. Habría que tirar sobre lo más sencillo que se me ocurre, que es aprovechar las palabras que hay escritas en la sobrecubierta. En ellas se invita al lector a descubrir sus primeras sesenta páginas y a ver el efecto que supone llegar a esa parte de la novela. Realmente, cuando llegas a ellas, ya no vas a poder dejar de leer esta historia (sugerencia, no se atrevan a ojear esa parte y estropearte la experiencia).
Pero, ¿de que va todo esto? Pues básicamente nos encontramos ante una historia de personajes que lo van a pasar mal en un momento dado de sus vidas. Y para que eso funcione necesitas conectar con ellos, saber quienes son y por lo que están pasando. Necesitas sufrir con sus tristezas y alegrarte con sus momentos de luz porque realmente te importan. Y ahí, justo ahí, radica lo mejor de esta novela. 
Porque el autor se para a explicarte quiénes son los innumerables personajes que aparecen en esta historia y lo hace con calma, de ahí la extensión del libro. Pero lo hace de un modo que consigue mantener la atención en todo momento, sin resultar aburrida la vida de personajes tan variopintos como una adolescente ultrareligiosa, un sheriff con recuerdos que le atormentan o un anciano medio ciego cuya vida ha sido todo un tormento. Y eso son meros secundarios de los tantos que aparecen, porque los protagonistas de la historia, una madre y su hijo sometidos a todo tipo de infortunios, están tan bien desarrollados que no los vas a olvidar en mucho tiempo. Luchadores innatos, pasear por sus vidas es sentirte parte de ellas, por lo que todo el sufrimiento al que se tienen que enfrentar te afecta y lo compartes.
Y ese sufrimiento tiene nombre y tiene cara. No pienso estropearle la experiencia, pero diré que hay imágenes que he leído en esta obra que permanecerán durante mucho tiempo en mis pesadillas. El autor consigue describir momentos de tensión y horror que se quedan clavados en tu cabeza, convirtiendo algunos pasajes de la novela en auténticas muestras del mejor terror contemporáneo. Los causantes de tanto horror están muy bien definidos, se les teme por sus actos y se quedan clavados en tus retinas por sus capacidad de aterrar.
Pero no todo es bueno en la novela, por desgracia. Aquí las referencias sobre las que camina el escritor son demasiado evidentes, hasta el punto en que hay momentos en los que desconectas de la historia por que te la conoces de memoria. Tienes muchas píldoras de Stranger Things, de It, el resplandor, Coraline, Poltergeist, Matrix...millones de referencias que más que ayudar lastran la historia hasta invitarte a renunciar. Pero claro, la manera en la que están escritas, con capítulos cortos de fácil lectura, que van de un lado a otro casi sin darte cuenta hasta que conectan los unos con los otros, hacen que quieras más y más. Y cuando te das cuenta llevas seiscientas páginas encima, empiezas a hilar todo en tu cabeza y te distraes de lo que está aún por llegar.
A partir de ahí todo cobra sentido. Te podrá gustar o no lo que viene a continuación, yo me quedo en el si. Pero, de verdad, la locura del último cuarto de la novela es una experiencia digna de leer. Sin contar ese desenlace, diré que el escritor se encarga de darle sentido a todo, aunque puede inclinar la experiencia de la novela a obra maestra del terror o a la sensación de que la historia se le fue de las manos con tanto bombo y platillo. 

Yo me inclino por lo primero, porque me gusta pasar miedo y en esta obra lo he pasado, porque historias como estas son las que siempre me han gustado y porque tras ochocientas paginas perdido en medio de esta historia tan clásica de lucha entre el bien y el mal, quiero mucho más.




martes, 1 de octubre de 2019

El espectáculo del vampiro, de Richard Laymon


Mi primera incursión en los mundos de Richard Laymon y ha sido un auténtico fiasco. Y me da rabia, porque he visto dentro de esta novela muchas ideas buenas y la insinuación de muchas tardes que vamos a pasar acompañados. Su narrativa ágil, sus abundantes y cercanos diálogos, su capacidad de invitarte a entrar en la mente de los personajes han ganado mi confianza como para seguir leyendo algo más de este autor.
Porque tenía entendido que las tramas de este escritor tenían la capacidad de estremecerte. Sangre, visceral, tramas macabras e inquietantes, todo lo que había oído se Laymon me avisaba de que estaba en frente de una mente enferma dispuesta a perturbar a todo aquel que quisiera una historia poco convencional.
Pues nada de eso aparece por El espectáculo del vampiro. Nada. Y mira que, aún siendo aproximadamente unas cuatrocientas páginas, la letra es tan pequeña que podría doblar las mismas en cualquiera otra edición. Y lo peor es que, a pesar de eso, en ningún momento aparece esa trama que esperas y que no se intuye en ningún momento.
Esta historia versa sobre la amistad, el descubrimiento del sexo, la responsabilidad, el miedo a la pérdida, la violencia...y todo eso está muy bien desarrollado. El problema viene cuando el título del libro es El espectáculo del Vampiro.
Bien, seguimos adelante, una página más. ¡Vaya! aquí aparece un perro infernal. Sigamos, ¡mira han entrado en la casa! Esto empieza a ponerse interesante. Bueno, no era lo que yo pensaba, pero seguro que ahora...y así van pasando páginas y páginas sin que realmente vayas a ningún lado, más allá que la historia de esa amistad y el desarrollo de los personajes.
Entonces, será el final donde todo estalla. Seguro que el autor está encariñándome con los personajes para que me duela en lo más profundo lo que lea va a ocurrir ante el espectáculo. Me temo que lo van a pasar muy mal...y así te das cuenta de que llegan las últimas cincuenta páginas. 
A partir de aquí todo se precipita y pasa lo que tiene que pasar. Nada que objetar salvo que es un auténtico despropósito. Situaciones absurdas, cambios en el comportamiento de los personajes sin venir a cuento, llegada de Rambo a la trama. La verdad, si por algo hay que leer este libro es por esa última parte en la que el autor te dice algo así como: “mira chico, olvídate de las últimas trescientas páginas y vamos a improvisar” un auténtico calvario en el que, lo peor de todo, ni siquiera tiene una pizca de mala leche. Tan solo un párrafo, un magnífico párrafo en el que sientes que este autor puede ser capaz de crear situaciones incómodas y que pronto las empezarás a leer.
No todo es malo. Los personajes femeninos aquí están muy logrados y son los que realmente llevan el peso de la historia. Sin ellos no habría trama, directamente. Pero no merece la pena un libro con tanta extensión para demostrar que los varones somos simples, torpes e imbeciles. 
En fin. Una lectura fallida que puede gustar a quienes quieran ver una historia de amistad sin esperar nada más allá. Una pena.

El instituto, de Stephen King


Cuando compro un libro de Stephen King no suelo leer ningún tipo de reseñas. Ni siquiera me pongo a indagar en la sinopsis para ver por donde nos va a sorprender esta vez. Es King y para mi leer un de sus obras es contar con la certeza de que va a estar bien escrito y va a conseguir que pase un buen rato.
De ahí que cuando inicias las más de seiscientas páginas que tiene esta nueva obra pues las afrontes con la tranquilidad de que lo que está por venir te va a dejar satisfecho. Y en esta obra tampoco falla.
King en este libro nos propone una institución en la que conviven una serie de niños con características especiales. Poco más voy a revelar de esta novela ya que lo importante es disfrutarla y descubrir que es lo que los hace especiales y cuál es la misión que tiene ese instituto del que se habla en el titulo de la novela. 
Entonces, ¿otra novela de Stephen King con niños enfrentados a situaciones para las que no están preparados? Pues sí, con todo lo bueno y malo que eso supone. La capacidad que tiene el autor para ponerte en la piel de los críos es sobresaliente. Es imposible no ponerse en su piel y sentir como propios las miles de cosas que les van a ocurrir. Y no son agradables de leer. Estamos en un libro de King y contamos ya con eso.
Sin embargo, la lectura es lenta por momentos y requiere de una cierta paciencia y predisposición para poder disfrutarla en su totalidad. Tiene sentido, porque de algún modo hay que preparar al lector para todo lo que acontece en el último tercio de la novela donde ya se pondrán todas las cartas sobre la mesa. Es aquí cuando ya las páginas vuelan sin que apenas te des cuenta y cuando todo empieza a encajar de un modo quirúrgico que te invita a aplaudir al genio de Maine.
Y además, la novela tiene un as en la manga en forma de epílogo. Poco puedo decir de él salvo que es lo que, para mi, deja el gustito sabroso de una excelente obra. Ese toque diferente que te invita a repetir una y otra vez los platos que te sirve Stephen King y que sientas que, a pesar del empacho, siempre tienes hueco para uno de sus postres.

lunes, 30 de septiembre de 2019

Una cabeza llena de fantasmas, de Paul Tremblay




Esta es una de esas novelas que no te deja indiferente. Y cuando una historia consigue generar ese tipo de sensaciones, cuanto menos, debería ser considerada como una buena obra. Terminado el libro aún no se si me encuentro ante una genialidad o una tomadura de pelo. El autor te plantea una situación que ya has leído o visto en numerosas ocasiones. Una adolescente que tiene problemas extremos de comportamiento y una familia que se debate entre la ciencia y la religión.
Hasta ahí todo muy convencional y acorde al subgénero que abarca. Pero el autor toma una serie de decisiones de lo más interesante. 
En primer lugar nos presenta la narración de la historia bajo la mirada de una niña de 8 años. Y eso hace que sea el lector el que tenga que ir poco a poco asumiendo que los hechos que le narran no son exactamente como lo cuenta la pequeña. Con todo lo bueno y malo que esa visión implica. Porque lo que una pequeña percibe como terrorífico puede que no lo sea tanto y, al mismo tiempo, puede dar por natural aspectos que son estremecedores.
Por otro lado, la presencia de una narración paralela a los hechos que narra la historia burlándose de todo aquello que has leído, comparándolo con cada uno de los estándares del género, le da una visión escéptica a tu propia visión, sin que termines por tener bien claro que es lo que realmente está pasando.
Y luego llega el momento en que pone en bandeja al lector un pequeño detalle que confiere a la historia de una absoluta y demoledora libertad para que seas tú quien decida acerca de los hechos. Genialidad que te puede o no gustar, pero que me lleva reventando la cabeza desde las tres de la madrugada.
Sumémosle a la historia críticas sociales de todo tipo, más o menos acertada, a los medios de comunicación, religión, familia, escuela...llénalo de referencias a la cultura pop del terror de todos los tiempos y ya tienes la fórmula perfecta para un libro lleno de matices que tienes que leer. ¡Ya!

Joyride, de Jack Ketchum


Escribir una reseña de una obra como esta, momentos después de haberla leído, es asumir que tus palabras están cargadas de toda la visceralidad que transmite el autor en cada capítulo de esta perturbadora historia. Un viaje sin retorno a lo más profundo de la maldad humana en el que Ketchum consigue, y eso es toda una proeza, que odies al personaje central de esta novela.
Y mira que, con que te pares un momento a pensar, la mayor parte de los individuos que aparecen en esta novela son seres con una moralidad a todas luces cuestionables. Ya el autor en los primeros capítulos se encarga de moldear tus pensamientos para que aprecies la escala de grises en la que se va a mover la novela. Personajes atormentados y atormentadores que harán todo lo que esté en su mano para satisfacer sus objetivos. Personajes a los que despreciarías sin dudarlo por sus actos y, sobre todo, por sus pensamientos. Personajes que aparecen en un solo capítulo, sueltan su discurso y te consiguen remover las tripas...
Pero, ¡vaya! El autor consigue a lo largo de las páginas de este libro, que se leen sin que apenas te des cuenta porque no puedes dejar de hacerlo, que todos esos personajes te importen. 
Te pasas la primera parte de la novela esperando la explosión de locura de Wayne Lock y toda la segunda parte  odiándote a ti mismo por haber tenido esos absurdos pensamientos. Porque una cosa es imaginarlo y otra bien distinta tener que leerlo. Jack Ketchum no quiere que sumes víctimas sino quiere que seas parte de ellas y se encargará de recordarte en todo momento que lo que vas a leer, lo que estabas deseando leer, lo que pedías a gritos que necesitabas de esta novela, no es nada agradable.
Un viaje a la parte más horrenda de la naturaleza humana. Ya lo deja bien claro el autor en el prefacio: “ni siquiera puedes moverte en este mundo sin hacer daño a algo”

Apocalipsis, de Stephen King

 Muchas veces cometemos el error de juzgar una historia en base a las ideas que nos habíamos formado en la cabeza. Nos adentramos en mundos ...